domingo, 21 de febrero de 2010

Una entrada a favor del mercado con la que está cayendo.

Mañana comienza el curso de Crecimiento Económico que imparto en el segundo cuatrimestre en la Universidad de León desde hace diez años. En los dos años anteriores a estos diez, hice algo parecido en Oviedo dentro de la asignatura de Macroeconomía Avanzada II. Supongo que mucha gente piensa que soy muy raro pero yo creo que simplemente soy afortunado. Estoy deseando ir a trabajar mañana. Especialmente, porque por la mañana continuamos con el curso anual de Microeconomía. Mañana toca hablar del modelo de Competencia Perfecta. 
Obviamente, un mar separa la pasión que yo siento por el tema de la indiferencia de la mayor parte de la población. En mi madurez he tratado de que mis alumnos sientan un poco más de esta pasión y un poco menos de aquella indiferencia. 
En los últimos días de septiembre uso el truco del lápiz de Friedman para motivar a mis alumnos. Un simple lápiz de mi escritorio contiene una labor de coordinación inmensa (madera, mina, pintura, transporte y miles de pequeñas tareas) y, curiosamente, a un coste ridículo. Aunque yo uso unos lápices muy caros supongo que se pueden comprar otros por unos pocos céntimos de euro. En mis notas personales que comparto en internet con mis alumnos he cambiado el ejemplo de Friedman por el simple hecho de ir a tomar café a la lamentable cafetería universitaria. El café que te sirven supone una ingente labor de coordinación que implica a agricultores colombianos, a transportistas, a empresarios leoneses, a agricultores del páramo leonés, a camareros ecuatorianos, a fabricantes de loza chinos, etc. No suelo ir muy a menudo pero sospecho que cuesta menos de un euro. Tratar de entender ese misterio debería ser suficiente motivación para un alumno. Sobretodo, si se entiende que el mercado, en el que todos participamos, es un fantástico instrumento de coordinación al que debemos gran parte de nuestro bienestar y alguno de nuestros problemas.
Por este motivo, me entristece la actitud de los políticos con respecto a este tema. Me da tanta pena cuando un político lo propone como solución cuando el libro introductorio dice que no lo es como cuando otro lo usa como excusa para su incompetencia. 
Para mí el mercado es como un río. Produce grandes beneficios y algún disgusto. Se conoce su funcionamiento a grandes rasgos pero se ignoran cosas importantes. Se puede regular pero hay que tener cuidado para que la regulación no lo seque. En resumen, es tu responsabilidad entender su dinámica para aprovechar los beneficios y limitar los problemas. En ese contexto, sería pueril acusarle de las cosas malas y tratar de castigarle por ello. 
De hecho, el ejemplo del lápiz y del café es parte de la respuesta a una pregunta que flota en el aire en nuestro país en este periodo de crisis. ¿Qué sector o actividad creará los puestos de trabajo que nos sacarán de la crisis?
Si le preguntas al Presidente del Gobierno te dirá que eso lo decidirán tres lumbreras que ha nombrado para una comisión que gestionará un pacto. Si le preguntas al Jefe de la Oposición se callará y como mucho mencionará un oscuro recorte de impuestos y gasto público. 
Si le preguntas a un pobre hombre como yo te dirá que no tiene ni idea. No sabe qué sector o actividad emergerá de esta crisis del mismo modo que no sabe fabricar lápices ni hacer café. Este último punto hay que matizarlo. En mi escritorio hay una taza de café gourmet que me he preparado con una cafetera italiana. Pero yo no he cultivado el café, no lo he transportado, no lo he comprado, no lo he mezclado, ni lo he molido. De hecho, mi madre lo compra y mi padre lo mezcla y lo muele. Del mismo modo, no tengo ni idea de cómo se consigue que el Carrefour esté lleno de productos tan variados. Sólo sé que es el resultado del esfuerzo conjunto de millones de personas que tratan de hacer un servicio a otros y que intercambian por otros productos o servicios que ellos no pueden hacer. Por tanto, la solución a la crisis vendrá por el mimo a las fuerzas de mercado sin llegar a su adoración. El libro introductorio dice que hay cosas que el mercado no puede hacer o que no sabemos regularlo para que las haga. Por ejemplo, la distribución de la renta. 
Si habéis leído con atención, esta afirmación les da la razón parcialmente al presidente del gobierno y al  jefe de la oposición. El presidente insiste en que la crisis no puede afectar en exceso a los más desfavorecidos y  yo le doy la razón en tanto en cuanto reconozco que las soluciones de mercado no son aceptables desde el punto de vista de la distribución. El jefe de la oposición pide una bajada de impuestos y una reducción de gasto. La reducción de gasto no tiene porque afectar a la ayuda a los más desfavorecidos. Supongo que puede afectar a otras partidas. Por tanto, su propuesta se puede ver como un intento de que las actividades privadas tengan un mayor papel en proporcionar una solución a una incógnita para la que yo no tengo una respuesta. Al mismo tiempo, me tiemblan las piernas pensando en la solución que van a dar las tres o cuatro lumbreras que están diseñando el pacto. 

lunes, 25 de enero de 2010

Subvencionando aerolíneas.

Los periódicos asturianos han publicado que Air Europa pondrá tres vuelos diarios de Madrid a Asturias a partir del próximo mes de junio. No he visto la cifra en ningún sitio pero se entiende que el gobierno regional va a subvencionar estos viajes con un acuerdo publicitario con la aerolínea.  Esta noticia constituye un gran ejercicio para mis alumnos que, cuando vuelvan de sus exámenes de febrero, tendrán que estudiar qué pasa cuando en un mercado hay muchos operadores, unos pocos o sólo uno.
El acuerdo no es ni mucho menos insólito en el ámbito europeo pero es difícil de racionalizar con un modelo económico en la mano. Trato de explicarme.
Si Iberia es el único operador en  esta ruta puede comportarse como un monopolio.  En general subirá los precios hasta que subirlos una unidad más bajaría los viajeros tanto que reduciría los beneficios. Si entra una segunda aerolínea en la ruta los precios tienen que bajar. De otro modo, ¿cómo iban a convencer a nuevos viajeros para subir a los nuevos asientos disponibles?  Al bajar los precios disminuiría la suma de los beneficios de ambas líneas aéreas. No pueden ganar más entre las dos con precios más bajos porque sino esa estrategia de bajada de precios ya habría sido implementado por Iberia cuando estaba sola en el mercado.  Estos beneficios se distribuirán entre las dos dependiendo de sus respectivas cuotas de mercado pero podrían fácilmente llegar a ser menos de la mitad de los que tenía la aerolínea monopolista originalmente.  


Los beneficios de cada aerolínea cuando operan las dos pueden no ser suficientes para que entre una segunda aerolínea. Esa parece que es la situación en Asturias donde ninguna aerolínea parecía interesada en entrar en el mercado. De hecho, otra aerolínea había abandonado ese mercado hace unos meses.


En ese punto, entra el gobierno regional y pone  encima de la mesa el dinero que hace que la segunda línea aérea entre a operar en esa ruta. Ahora supongamos por un momento que las dos líneas aéreas son parecidas. Resulta que la Iberia (sin subvención) estaría ahora en la posición de la aerolínea que no consideraba suficiente el beneficio para entrar a operar en la ruta. ¿Por qué no deja de operar? ¿Por qué no protesta vehemente por la subvención a una competidora que la pone a ella en una difícil situación?


Una respuesta podría ser que el supuesto de igualdad de las dos líneas aéreas es falso.  Podría ser que Iberia tuviese alguna característica que le hiciese ser capaz de operar satisfactoriamente sin subvención en presencia de un competidor subvencionado. La razón podría ser que Iberia está mucho mejor gestionada o tiene una estructura más favorable para operar vuelos. En ese caso, Iberia debería protestar por la subvención a un competidor peor gestionado o  con una estructura empresarial menos eficiente.


La subvención tendría sentido en el siguiente contexto. Iberia podría haber estado jugando a la depredación de precios. Cada vez que un competidor trata de entrar en la ruta, usa su músculo financiero para bajar los precios hasta límites que el competidor no puede soportar. En este caso, la subvención puede hacer que la bajada de precios fuese mucho más difícil para Iberia. Sin embargo, ¿No existen instrumentos legales para evitar la práctica de bajar los precios para que no entre un competidor?    

viernes, 22 de enero de 2010

¿Qué opinan los distribuidores de bebidas de la prohibición de fumar en los bares?

La Ministra de Sanidad ha anunciado un endurecimiento de la ley del tabaco. Supongo, que  la idea que sopesa es la prohibición total de fumar en espacios públicos cerrados.  La medida afectaría principalmente  a los bares.
Treinta segundos tras el anuncio de la Ministra sale el representante de los hosteleros diciendo que esa ley será la ruina del sector con unas pérdidas de tropocientos millones de euros, el cierre de todos los bares y la pérdida de empleo asociada.
En este punto ya no estamos en discusiones filosóficas sobre la pérdida de libertad sino en el ámbito del análisis empírico de la economía en la que he tenido la fortuna de ser entrenado y el privilegio de trabajar.
Siempre me pregunto qué técnica econométrica usarán para hacer estas estimaciones. A estas alturas, estoy convencido de que usan el estimador de los cinco dígitos basculantes que me enseño mi antiguo alumno y muy querido amigo Rubén.  Se trata simplemente de extender la mano con la palma hacia abajo y girarla de derecha a izquierda.
¿Cuál sería la metodología adecuada para estimar las pérdidas asociadas a la prohibición?
El libro "Mostly Harmless Econometrics" describe una manera interesante de enfrentarse a este tipo de preguntas.  Los autores proponen  pensar en el experimento ideal que te permitiría estimar esta pérdida. En mi opinión, el experimento ideal sería meter en una bolsa unas fichas con el nombre de cada provincia española. A continuación, una mano inocente extrae la mitad de las fichas. En las provincias que se han extraído se prohíbe fumar y en el resto se quedan como están.  A continuación, se sortean una serie de bares en todo el país y se comienzan a monitorizar con detalle: clientes, ventas, etc. La comparación de medias entre los bares que están en provincias que no se fuma y las que se fuma nos daría la respuesta exacta sobre los efectos de la prohibición.
Obviamente, el experimento ideal suele ser imposible. Pero si no existe el experimento ideal lo que es imposible es lograr una estimación. Se trata de una cuestión fundamentalmente no identificada (FUQs en sus siglas en inglés) y no importa las técnicas que uses, los datos de que dispongas o lo listo que seas. No es una mala manera de pensar para evitar respuestas falsas a preguntas imposibles escondidas bajo una gran sofisticación matemática y técnica. 
Puesto que el experimento ideal es imposible ¿qué tipo de técnicas se podrían aplicar? Se podrían mirar los datos de bares el mes antes y el mes despues de la implantación de la ley. Habría que tener en cuenta que la ley puede tener algún efecto temporal que se difumine en el tiempo. Este problema se resolvería midiendo la asistencia y gasto a bares durante un año antes y un año después de la entrada en vigor de la norma.
A diferencia del método ideal pero no factible, este método tiene diversos problemas. Por ejemplo, si estamos en una recesión puede que el primer año fuese mejor que el segundo y se atribuyese erróneamente la pérdida por la recesión a la prohibición. El caso contrario es posible. Si se está saliendo de una recesión el segundo año es mejor que el primero y se atribuye los mejores resultados a la prohibición.  Este problema podría ser resuelto incluyendo en el modelo una variable que tengan en cuenta el paso del tiempo y pueda limpiar el efecto del ciclo económico.
Una de las cosas más fascinantes de los modelos económicos (teóricos o empíricos) es que sabes dónde empiezas pero no dónde terminas. El analista construye el modelo pero el modelo da más respuestas de las que inicialmente se buscan.  Por ejemplo, cuando estaba pensando en este tema empecé a preocuparme por la fiabilidad de las cuentas de los bares, sus incentivos a mentir en las cuentas, etc. Entonces pensé que quizás no debería encuestar bares sino distribuidores de bebidas (café, agua y refrescos, cerveza, vino y licores).  
Estos datos serían más fáciles de conseguir y más fiables. La pregunta es simplemente si Coca-Cola notó en sus cuentas en Irlanda o Italia el inicio de la prohibición o cuál fue el efecto en sus cuentas tras haber transcurrido un año.
Yo no conozco la respuesta a la pregunta ni sé si se ha hecho este estudio pero tengo una sospecha. Hasta el día de hoy he oído a los hosteleros protestar vehementemente por la prohibición de fumar. Sin embargo, nunca he oído protestar a los distribuidores de bebidas. Mi primera hipótesis es que no hay tal pérdida porque no hay tal protesta. ¿Cómo se puede interpretar entonces la protesta de los hosteleros? Mi hipótesis es que protestan por lo que pueden protestar que es la pérdida de recaudación pero su preocupación es otra. En concreto, creo que su problema real es convertirse en gendarmes sin pistola. Es una ley de difícil cumplimiento y ellos están en el campo de batalla sin armas. Los clientes no les harán caso y el gobierno les multará. Ellos no quieren esa posición que sí tiene un coste para ellos y no el aumento o la diminución de recaudación. Si mi hipótesis fuese cierta, la búsqueda de consensos para la ley debería tenerla en cuenta.
Un último comentario que muestra el poder de la modelización. El solo hecho de escribir la lista de productos que se vende en hostelería (café, agua y refrescos, cerveza, vino y licores) sugiere que no todos se van a comportar igual con la prohibición. Algunos de estos productos van muy unidos al consumo de tabaco (café y licor) mientras otros casi son antagonistas (vino de calidad).  Otro tema que se podría analizar.  



lunes, 18 de enero de 2010

Cajas negras

Siempre me han interesado las cajas negras. Es decir, aquellos objetos o fenómenos en que está claro qué cosas entran y salen pero no qué pasa dentro. Trabajamos con multitud de cajas negras. Dentro del ordenador en que escribo ocurren multitud de fenómenos que no entiendo. Desde el  punto de vista económico, quizás sea una buena idea que no los entienda. Me llevaría demasiado tiempo y no podría dedicarme a hacer las cosas que entiendo si es que esas cosas existen. Sin embargo, de vez en cuando es importante entender qué pasa dentro de una caja negra porque ayuda a descartarla si creemos que no funciona bien, a arreglarla o a crear una nueva.

En Economía existen multitud de cajas negras. Muchas lo son para el público en general y algunas lo son para los especialistas. Empecemos por una historia sorprendente sobre una caja negra.
Un inventor descubre un procedimiento fantástico que transforma diferentes cereales en teléfonos inteligentes tipo IPhone. Los camiones llegan a una pequeña nave y descargan el cereal en una tobera. En otra parte de la nave salen perfectamente ordenados y empaquetados los teléfonos móviles. El inventor recibe homenajes y le entrevistan en Tómbola como representante genuino del nuevo modelo productivo y de la sostenibilidad. Hasta que un día, un avispado periodista con carrera universitaria revisa los alrededores de la nave y descubre una conducción que baja hasta el puerto. Allí, el cereal es cargado en barcos que se dirigen a Asia. Los mismos barcos vuelven cargados con los ansiados teléfonos que son subidos a la nave por un ingenioso mecanismo. Tras la publicación del artículo el inventor es insultado en todos los sitios donde antes era alabado. Había dejado de ser un brillante inventor para convertirse en un “deslocalizador” industrial.
La historia es buena. Un día estaba comiendo una jugosa manzana al principio de la primavera del hemisferio norte y no podía dejar de preguntarme qué tecnología permitía aquel prodigio. El prodigio tecnológico es un barco parecido al del inventor fraudulento que traslada la fruta del otoño austral a la primavera boreal. 
Esta historia ha llegado a la discusión política americana. Dicen los agricultores de Iowa que los coches se fabrican en básicamente en dos lugares. En Detroit usando una tecnología tradicional (entra acero, sale coche) y en Iowa siguiendo una tecnología innovadora (entran semillas y fertilizante, se manda maíz a Corea y vuelven los Hyundais). Los agricultores que producen los coches en Iowa se preguntan por qué los suyos tienen que pagar un impuesto que los de Detroit no pagan.
La historia de la fábrica de teléfonos pone de manifiesto que el comercio internacional tiene bastante da caja negra para legos y especialistas. Los no iniciados suelen sorprenderse de los efectos similares del cambio técnico y del comercio en la productividad. Al mismo, tiempo la parábola pone de manifiesto las distintas actitudes del público ante uno y otro fenómeno.
Bromas aparte, las cajas negras abundan en nuestra vida diaria. Por ejemplo, el tratamiento de la basura. En la ciudad en la que vivo los ciudadanos dedicamos tiempo y esfuerzo a una cuidadosa selección de las basuras. Al mismo tiempo, pagamos lo que nos piden por que esos materiales desaparezcan de nuestra vista. El primer paso de la desaparición ocurre sin grandes problemas. Hasta tres camiones distintos llegan al barrio por la noche y se llevan aquello que no queremos. Sin embargo, una huelga reciente del Centro de Tratamiento Regional puso al descubierto un par de detalles escabrosos. El primero es que el diseño del contrato de este servicio no es muy bueno. La empresa cobra mucho y no parece tener ninguna responsabilidad cuando se deja de proporcionar un servicio básico y la ciudad empieza a tener un aspecto lamentable. El segundo es que un periodista con carrera universitaria fue hasta el supuesto centro de tratamiento para descubrir que se trata de un vertedero de los que se creían extinguidos.
Los materiales que los ciudadanos seleccionamos se tiran todos juntos en cualquier lugar sin ningún tipo de tratamiento o preocupación por sus efectos ambientales.
Otra caja negra interesante es la enseñanza. Dejamos a nuestros hijos a la puerta del colegio antes de cumplir tres años y esperamos llevarlos a la universidad 15 años después. ¿Qué pasa allí dentro todos esos años? ¿Se hace todo lo que se puede? ¿Se podría hacer de otro modo?

jueves, 7 de enero de 2010

Caja España, Duero, Salamanca, Soria y de todos los Santos


Tengo varios amigos que trabajan en el sector financiero. Alguno de ellos tiene importantes responsabilidades en cajas aparentemente bien gestionadas. Suponiendo que alguno lea este blog le pediría su opinión en las siguientes reflexiones. No se trata de nada sesudo sino de una muestra de mi estupor y de mi impotencia intelectual para entender lo que está pasando. 

Mi primer problema es con la profesionalidad de las personas que han dirigido Caja España hasta el día de hoy. Miro al organigrama del consejo y veo a muy pocas personas que tengan unos mínimos conocimientos de economía, banca o negocios. Todos ellos pueden ser magníficas personas pero, en mi opinión, tienen una más que dudosa cualificación para regir los destinos de una organización que tenía la responsabilidad de gestionar mucho dinero y muchos empleados. 

Mi segundo problema es con el tipo de cuestiones en las que usan su tiempo los dirigentes. En teoría nos encontramos en una crisis global. Es posible que sea más importante la segunda palabra (global) que la primera (crisis). En este contexto, tengo dificultades para imaginar a una empresa puntera discutiendo sobre si se llama Apple u Orange, a Bill Gates yendo a Sacramento a reunirse para tomar decisiones, al Departamento de diseño de Apple en California y al de ventas en Alaska. Son todas ellas decisiones que tendrían que ser el resultado de la gestión ágil de un negocio muy competitivo. De otro modo, podrían comprometer la propia competitividad si las decisiones son distintas de las que tomaría una empresa ágil y competitiva. 

Mi tercer problema es con la actitud de la población ante el problema. En el mismo periodo temporal que una caja grande se fue al garete (Caja España) una caja pequeña (Cajastur) adquirió músculo económico suficiente para que el Banco de España le encargase absorber otra caja.  Este resultado era más que esperable dada la cualificación de los dirigentes y el tipo de cuestiones a las que dedicaban su tiempo.

Cuando comentabas este problema en León todo el mundo echaba media sonrisa. La corrupción y el derroche de recursos comunes son aceptados por la población si los llevan a cabo los afines y denunciada violentamente si la llevan a cabo los contrarios. Como siempre, el mundo se divide en dos fuerzas opuestas. Los miembros de la gran mayoría social que piensa de esta manera serían fantásticos economistas que crearían modelos mucho más simplificados que los que desde la ignorancia critican. 

Una vez que ocurre el desastre se echa la culpa a todo tipo de fuerzas oscuras. Un símil puede ayudar. Imagínate que empino el codo más de la cuenta y me caigo por el balcón. Obviamente, hay tres responsables
1. Las personas que me critican y me llevan la contraria. La tristeza que me produce me lleva a beber más de la cuenta.
2. Yo por beber más de la cuenta porque podría haber tomado otra decisión.
3. La fuerza de la gravedad que inexorablemente me empuja hacia abajo. 


La 1 serían todos los culpables que se apuntarán ahora (Valladolid, Banco de España, los masones, ...).
La 2 sería los responsables de Caja España.
La 3 serían las fuerzas de mercado que, aunque en formas cambiantes, siempre han estado y siempre estarán. Entenderlas cada día un poco mejor es una actividad que recomiendo fervientemente a mis alumnos presentes y pasados.


sábado, 21 de noviembre de 2009

Una de piratas

No recuerdo si lo he dicho alguna vez pero los problemas económicos son aquellos relacionados con las decisiones sobre el uso de recursos escasos. En este sentido, es natural pensar en los temas relacionados con el consumo y la producción, los intercambio e incluso el dinero para realizar estos intercambios o para valorar los recursos escasos. Sin embargo, los problemas que se pueden plantear en términos de recursos escasos son innumerables. Cuando explico escasez o equilibrio general siempre pongo el ejemplo de la duración de un día. Aunque tienen medios distintos para disfrutar de ellas el día tiene las mismas horas para el hombre más pobre y el más rico de la tierra. Cada vez que usen una hora para una actividad habrán dejado de usar esa hora para otra actividad. Ambos se enfrentan a una escasez que abre la posibilidad de usar un modelo económico para explicar sus decisiones de uso del tiempo. Por ejemplo, la oferta de trabajo.



Algunos autores han usado esta prevalencia de los problemas de recursos escasos para aplicar la teoría económica en lo que a primera vista parecen fenómenos no económicos. Gary Becker de la Universidad de Chicago (Premio Nobel de 1992) es un caso paradigmático. Ha usado la teoría de los precios en un tema tan poco económico como tener un hijo.



La técnica básica de análisis es un tanto sorprendente. Se trata simplemente de suponerle un precio a cada cosa. Por ejemplo, una persona no tiene un hijo si el precio de ese hijo supera un determinado umbral y lo tendrá si no lo supera. A primera vista, esto parece un tanto pueril e inútil. Sin embargo, no lo es si al cambiar el precio de ese objeto cambian las decisiones de los individuos. En ese caso, podríamos relacionar las decisiones de los individuos con las causan que cambian los precios. En el caso del número de hijos no es difícil obtener evidencia empírica de la validez del modelo Beckeriano.



Buscamos dos tipos de familia. En el primer tipo, el varón ingresa 8000 euros al mes en un trabajo por cuenta propia exigente en tiempo y dedicación. En el segundo tipo, cada miembro de la pareja ingresa 4000 euros al mes en un trabajo por cuenta propia exigente en tiempo y dedicación. En el primer caso, el coste de un hijo es el coste monetario para su mantenimiento. En el segundo caso, es el coste monetario de su mantenimiento más el salario de la madre. A partir de esta clasificación de familias, se trata simplemente de contar el número de hijos que tienen las familias del primer tipo y del segundo.



Este es el tipo de temas y técnicas de análisis empírico que se plantea Steven Levitt en sus superventas Freakonomics y Superfreakonomics. No es casualidad que Levitt trabaje en el Centro Becker de investigación Económica de la Universidad de Chicago.



Las aventuras del gobierno español y de los armadores con unos piratas en las costas de Somalia me llevaron a pensar la situación en términos de precios y éstas son las preguntas que se me ocurrieron y algunas respuestas tentativas.



¿Por qué es mala la piratería?

Hacemos una actividad hasta que su coste la convierta en poco interesante o beneficiosa. Si el coste de la piratería se añade a otros costes la actividad dejará de ser atractiva antes. Habrá una pérdida de producción que se notará en algún lugar.


Una cosa curiosa que escandalizará a muchos lectores es que los impuestos tienen exactamente el mismo papel en la economía. Suben el coste de realizar una actividad y, por tanto, reducen esa actividad. Lo que me lleva a una nueva pregunta: ¿Por qué son buenos los impuestos y mala la piratería si tienen el mismo efecto económico?

La única diferencia que se me ocurre es el uso que se haga del dinero recaudado. Si los impuestos van destinados a crear un bien, ese bien puede ser más valorado que la pérdida de actividad económica del impuesto. Por otra parte, si los impuestos van destinados a pagar algo inútil sería un acto de piratería. Por tanto, el escrutinio continuo de cada unidad recaudada sería la manera de diferenciar una cosa de la otra. 


¿Supone algún problema económico pagar un rescate a los piratas?

Aumenta el rendimiento de su actividad y, por tanto, aumentará la probabilidad de un secuestro futuro. En otras palabras, incrementas el precio para un pirata de un acto de piratería. 


¿Tendría efectos económicos una acción militar contundente contra los bienes y las vidas de los piratas? 
Aumentaría el coste de llevar a cabo la actividad y reduciría la probabilidad de un ataque futuro. 
Lamentablemente, aumentaría también la probabilidad de un ataque a los barcos con una bandera que no haya participado en la acción militar. Esta circunstancia se parece a poner un guardia de seguridad en la puerta de mi casa. Mi casa estará más segura pero la del vecino tendrá una mayor probabilidad de ser robada ya que he reducido el número de casas para robar. Un guardia contratado por los dos tendría el mismo coste y el doble de efectividad. Por tanto, la acción militar debería ser conjunta por todos los países afectados. De hecho, unas aguas internacionales libres podría ser un activo para todos los países que las usan. 


¿Habría algún otro instrumento económico que pudiese reducir la probabilidad de un secuestro?

Este instrumento se encuentra si se piensa en el lugar en que ocurren los ataques. ¿Por qué no ocurren en las costas de Montecarlo? ¿Por qué no sale Ernesto de Hannover con su yate a robar a sus vecinos? Ernesto tiene otras alternativas económicas y a su cuñado no le haría ninguna gracia. 


Las alternativas no parecen muchas en el pueblo en el que viven los piratas. Por otra parte, no hay un estado allí que tome en cuenta los efectos generales para la población de esta actividad o los efectos a medio plazo para todo el mundo. 
La alternativa económica es promocionar otras actividades económicas y un estado viable en ese territorio. Existe una relación entre un acto de piratería hoy y la incompetencia de la comunidad internacional para lidiar durante veinte años con un estado fallido y la pobreza asociada.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El New York Times supera a El Diario de León.

Leyendo un poco sobre los efectos de la política agraria en la calidad de la alimentación me encontré con este artículo de Michael Pollan en el New York Times.

Primer ejemplo. Pollan no tiene ningún problema con que los agricultores tengan coste marginal decreciente.


"The rules of classical economics just don't seem to operate very well on the farm. When prices fall, for example, it would make sense for farmers to cut back on production, shrinking the supply of food to drive up its price. But in reality, farmers do precisely the opposite, planting and harvesting more food to keep their total income from falling, a practice that of course depresses prices even further."

Segundo ejemplo: la reducción del riesgo mediante un sistema de precios controlados reduce la producción.

"The shift from an agricultural-support system designed to discourage overproduction to one that encourages it dates to the early 1970's -- to the last time food prices in America climbed high enough to generate significant  political heat."


Si yo puedo pillarle en dos renuncios como estos en temas con los  que estoy medianamente familiarizado.  ¿Cuántas tonterías que me pasen desapercibidas contendrán sus libros divulgativos sobre nutrición?

Otras preguntas que se me ocurren:

¿Lee alguien estos artículos?
¿Por qué nadie protesta?


Las preguntas son relevantes. Si una persona sin ningún tipo de preparación puede decir estas barbaridades en el NYT y convertirse en un gurú de la agricultura. ¿Para qué se necesita tener varios centenares de departamentos universitarios dedicados a la agricultura?